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A RAJATABLA

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Orion Mejia

POR ORION MEJIA ([email protected]).

La historia debería ser contada a partir de 2008, cuando  con la explosión de la burbuja hipotecaria en Estados Unidos emergió la peor crisis económica y financiera global desde los tiempos de la Gran Depresión de los  años 30. En ese año y en el siguiente, se derrumbó la economía global. Dicen que  el mundo perdió  casi la mitad de su Producto Interno Bruto (PIB).

En medio de ese huracán económico y financiero, George W. Busch convocó en Washington por primera vez a lo que se denominaría Grupo de los 20, integrado por las ocho economías principales, más las emergentes. Se acordó  que el Fondo Monetario y bancos regionales financiarían en países en desarrollo un programa anticíclico para evitar que sus débiles economías cayeran en recesión e ingobernabilidad. Fue así como el FMI y otros organismos multilaterales facilitaron crédito al gobierno dominicano para  emprender un formidable programa de inversión pública.

Ese programa, con inversión  superior a 500 millones de dólares, incluyó obras como el Corredor Duarte, autopista del Coral, Presa La Placeta, acueducto Hermanas Mirabal,  autopista  a Semana, Autopista Duarte- Constanza, Constanza Jarabacoa, centros universitarios regionales y muchas más, que lograron reactivar la economía, cuyo crecimiento se acerco al 5% del PIB, superior al promedio de América Latina.

En 2011, el gerente del FMI, Dominique Strauss Kahn, fue acusado de acusado de delito sexual en perjuicio de  una mucama de un hotel de Nueva York, por lo que tuvo que renunciar a su cargo, en medio de un mayúsculo escándalo político. Ese suceso cambió la situación económica en República Dominicana.

La nueva gerente del FMI, Christine Lagarde, promovió un cambio radical en la política de ese gendarme. Esta vez el Fondo reclamó del Gobierno reducir de un plumazo el Gasto Publico en  40 mil millones de pesos, algo así como convidar a la nación a hacerse un harakiri.

Fue entonces, cuando el Gobierno del presidente Leonel Fernández procuró salirse de abajo de esa patana con  el habilidoso  sistema de descuento de factura, mediante el cual los contratistas de obras del Estado procuraban  de manera directa crédito en la banca con  sus propios  bienes en garantía y la promesa oficial de que se incluiría el pago de las cubicaciones en el presupuesto del año próximo.

A pesar de “cepo”, impuesto por el FMI, el Gobierno pudo concluir esas obras básicas, incluido  el primer tramo de la segunda Línea del Metro y mantener la economía en movimiento, pese a la reducción de los ingresos por turismo, remesas, exportaciones e inversiones, aunque el déficit fiscal se incrementó en términos netos en unos tres puntos porcentuales en proporción del PIB. Esa es la historia.

 

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