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Opiniones

Elementos para la definición de un rumbo nuevo en nuestro país (1)

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Foto de CampañaPOR TEMÍSTOCLES MONTÁS.- 

 Introducción

Estamos prácticamente a dos años de las elecciones generales que se celebrarán en mayo de 2016. Como estoy aspirando a lograr la nominación presidencial por el Partido de la Liberación Dominicana, me parece oportuno compartir, por esta vía, mis puntos de vista sobre algunos de los temas y desafíos relevantes que interesan a los dominicanos y las dominicanas.

Es relativamente fácil llegar a acuerdo sobre esos temas y desafíos; lo difícil es convenir en torno a qué hacer (y cómo hacerlo) para superar esos desafíos. La estrategia de respuesta a los problemas y prioridades de la sociedad es lo que confiere identidad propia a un proyecto político que se pretende como opción de poder.

Me propongo hacer una exposición inicial de la agenda temática propia del proyecto político que encabezamos. Es “exposición”, porque el propósito es que la sociedad dominicana, objeto de la oferta, conozca cuál es nuestra visión y vaya edificando una decisión informada; y es inicial porque la realidad social y política es dinámica, y siempre será posible afinar y nutrir el menú de opciones de política para lograr un mejor desarrollo de la sociedad.

  1. Hacer de la democracia un verdadero instrumento para asegurar el ejercicio y la promoción de ciudadanía.

 

La democracia es mucho mas que crear condiciones para que se produzcan elecciones libres, transparentes y competitivas; es mas que buscar el perfeccionamiento de nuestro sistema electoral. Eso es lo que hemos aprendido a lo largo de las últimas décadas.

La democracia hay que asumirla también como el espacio para la conquista de la justicia social. Nuestro país sigue siendo hoy un país fundamentalmente pobre, como lo era cuando se produjo la desaparición de la dictadura de Trujillo. También sigue siendo un país profundamente desigual. Los esfuerzos que hay que desarrollar en democracia es transformar esa realidad. Ese es el mayor de los desafíos que tenemos por delante.

Como manera de organizar la sociedad, teniendo como norte asegurar el ejercicio y la promoción de una verdadera ciudadanía, la democracia establece las reglas que ordenan las relaciones políticas y organizan el ejercicio del poder. Una de esas reglas es la alternabilidad en el ejercicio del poder,antídoto para que nadie se crea imprescindible e insustituible; constituye la mejor medicina para limitar el continuismo en el ejercicio del poder por el daño que este le hace a la consolidación de nuestras instituciones democráticas.

Una parte importante de nuestros problemas históricos, de toda índoles, tiene que ver con la actitud de determinados líderes políticos de eternizarse en el poder. Ya lo decía en 1986 el historiador José Gabriel García, en las páginas del periódico Ecos de la Opinión cuando cuestionaba la tendencia que había predominado en el país de impedir que la primera magistratura del Estado fuera alternada libremente entre los diferentes ciudadanos de la misma agrupación preparado para desempeñarla y refería la debilidad de rendir “vergonzoso tributo” a una práctica que el consideraba inconveniente de fijarse siempre en un solo hombre, “que reputado como superior a los demás, viene a considerarse indispensable; sin calcular que las reelecciones, aun cuando no hayan sido continuadas, han servido generalmente de base a la tiranía”.

Aspiro a la consolidación de nuestra democracia. Lograrlo conllevará hacer frente a grandes desafíos en el terreno económico y social. Pero sobre todo tendremos que desterrar la cultura del caudillismo y de los imprescindibles e insustituibles.

 

  1. Recuperar la política: una cultura ética y de transparencia.

 

Volver a posicionar a la política como núcleo dinamizador del quehacer social constituye un punto de partida y de llegada fundamental para cualquier proyecto que pretenda erigirse como opción de poder en la República Dominicana. En buena medida, los problemas que aquejan actualmente a nuestra sociedad están asociados a que la política ha sido desvirtuada; y en la generalidad de los casos, la ética política ha sido abandonada.

Soy de la convicción de que la política, como arte y como ciencia, es la llamada a construir horizontes societales que convoquen voluntades al compromiso, con proyectos encarnados en fuerzas políticas que los portan y los proponen a los diferentes sectores sociales, y los ponen en práctica una vez conquistan el poder.

La recuperación de la política y la restauración de la confianza de la sociedad en los políticospasa por asegurar coherencia en la ecuación propuesta política – ejecución de la oferta a la sociedad – resultados. Lo que interesa a la sociedad es cómo se van a resolver sus problemas; cómo se va a lograr el desarrollo. Esta recuperación del posicionamiento de la política dependerá también, en gran medida, de la percepción que se formen los distintos sectores sociales acerca de las intenciones y propósitos de los políticos.

Una buena disposición y compromiso con una cultura de ética y transparencia en la función pública, y una firme convicción y posición contra la corrupción y la impunidad son factores clave en la restauración de la confianza y en la consolidación de la democracia.

  1. La cuestión institucional y el estado de derecho

 

Uno de los mayores desafíos de nuestras sociedades es la creación y desarrollo de capacidades para funcionar institucionalmente. El respeto a las instituciones y el Estado de derecho es un gran déficit de las democracias existentes en nuestros países.

Un compromiso claro desde las más altas instancias con el respeto a las instituciones y a las leyes constituiría un aporte invaluable, puesto que revestiría al Estado de autoridad moral para exigir lo propio a la ciudadanía.

Al mismo tiempo, se precisan esfuerzos para democratizar la institucionalidad pública y acercarla de manera creciente al ideal de democracia representativa, participativa y deliberativa que hoy reclama la sociedad.

En el centro del esfuerzo se sitúa la necesidad de desarrollar procesos de empoderamiento y participación ciudadana, lo que suma transparencia, legitimidad y gobernanza a la gestión pública.

  1. Una adecuada articulación estado-mercado: un estado socialmente responsable.

Una de las lecciones aprendidas de los recientes procesos socio-históricos acaecidos en las últimas décadas es la necesidad de una adecuada articulación Estado-mercado para una mejor gestión del desarrollo de los pueblos. Ni un Estado centralmente planificador, ni un mercado pretendidamente auto-regulado parecen ser caminos adecuados para permitir a las sociedades acercarse al ideal de una combinación aceptable entre justicia y libertad.

Cada vez con mayor claridad, se percibe que un Estado socialmente responsable es una condición necesaria para la democracia. Se espera de ese Estado que propicie la igualdad social; un medio clave para esto es una razonable redistribución del ingreso mediante la instrumentación de una política tributaria inteligente que contribuya a cerrar brechas sociales.

El nivel de desarrollo alcanzado es un activo de la sociedad. El Estado tiene la responsabilidad de asegurar el equilibrio macroeconómico, como estrategia preventiva para evitar la reversión del desarrollo social.

La responsabilidad del Estado, y su razón de ser, es servir a la sociedad con un sentido de preferencia hacia los segmentos de población más necesitada. Y ha de desarrollar ese servicio, entre otros medios, a través de una acción reguladora activa, inteligente y oportuna.

  1. La construcción de una sociedad más igualitaria: las políticas sociales.

Las políticas sociales son parte relevante del esfuerzo público por construir la igualdad social; sobre todo, aquellas políticas de carácter universal como educación, salud, seguridad social y otras, que tienen por propósito la creación de condiciones para hacer posible la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos y las ciudadanas. Los mismos programas focalizados tienen sentido en la medida en que se articulan con estas políticas universales.

Creo que la mejor política social es facilitar la generación de empleo de calidad, propiciando seguridad jurídica, el emprendedurismo y el desarrollo de las PyMEs por la vía del crédito y la innovación tecnológica, entre otros.

La creación de empleo es el medio más eficaz para el desarrollo de la democracia económica y fortalecimiento de la democracia política; esto, en la medida en que trae como resultado autonomía y autorrealización de las personas y consolidación de la ciudadanía social.

En el marco de los derechos fundamentales y del universo de las políticas sociales para la construcción de la igualdad, ha de cobrar mayor relieve el derecho de grandes segmentos de la sociedad dominicana a habitar una vivienda digna en entorno saludable. Una adecuada política de vivienda orientada a la igualdad de derechos y oportunidades ha de ser un elemento esencial de las políticas sociales. (Fuente: Hoy).

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