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Opiniones

¿Qué enseñaremos? La esperanza

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Ivelisse-prats-de-perez2Por Yvelisse Prats Ramírez De Pérez.- 

La pregunta quedó, me afronta aún, blandida como alfanje por el amigo grande, respetado, querido. Porque las decepciones no han logrado mermar su gentileza, Toni Rafúl pendula entre herirme con su duda filosa, o esperar que convoque a Peña Gómez y él envíe persuasiones suficientes a mi respuesta.

¿Qué enseñaremos, profesora? Debí reaccionar de inmediato. Pero sus prisas y las mías, y una fiebre importuna que me amarró a la cama una semana, produjo la pausa.

Es una pregunta socrática y produjo su efecto. Dio a luz, con más fuerza que nunca, el espíritu de Peña Gómez que me dejó decidida y fuerte, poniendo carne y sangre de palabras a ese impulso que me mantiene con 83 años, y ronca proclamando en el aula, y “urbi et orbi”, un Evangelio breve y puro, ese que Peña Gómez resumía en “Primero la Gente”. Toni y yo lo llamamos SOCIALISMO DEMOCRÁTICO. Otros, Socialismo Siglo XXI. Para el Papá Francisco es CRISTIANISMO así de simple. “Amor y fe abrazados que luchan por justicia”, podría resumirlo como lema.

Más que yo, porque él es poeta sobre todas las cosas, y la poesía es potro que galopa entre la tierra y el sueño, Toni sabe que vivir sin mirar hacia una “estrella”, es oficio difícil, peligroso, porque puede atrofiar sentimientos, internándonos en la selva donde impera la ley del más fuerte, el inmenso Mercado que el neoliberalismo monta, auspicia y protege. Vivir así, se convierte en ejercicio innoble, grosero, tú lo dices, Toni. Ese espectáculo produce en personas como tú, desencanto, frustración, horror incluido y alguna tentación alevosamente narcisista de aislarse, de alejarse, de purificarse en solitario.

¡Cuidado! Ese distanciamiento de la lucha es lo que quieren, lo que necesitan esos “otros” que no miran al cielo hace tiempo, que no leen sino los guarismos de la Bolsa, que medran en el silencio que empieza por cansancio y puede terminar en complicidad.

Ellos, Toni, tú lo entiendes porque dialogas con la historia y la poesía diariamente, no componen el mundo, TODO el mundo. Son más visibles, porque el poder da colorido, se oyen más porque el poder lo reproducen bocinas pagadas. Pero ahí están, esperando por fe que el amor encuentre en nosotros su Pesebre, los niños que retornan en Gaza valientemente a la escuela entre escombros; aquí están, cerquita, en las esquinas de los barrios violentos, aquellos que Nicolás Guillén nos llama a acompañar:

“Mire la calle/ ¿cómo puede usted ser/ indiferente a ese gran rio/de sueños, a ese gran río/ de sangre, a ese gran río”?

¿Qué enseñaremos, Toni, en medio de “este aire viciado/ la ruina de todo/ lo que existe” como describe Benedetti?

Enseñaremos, te lo dice, también, Benedetti, “con la memoria más que nunca alerta/ dispuesta a no pactar con la cordura”, lo que aprendimos con Peña Gómez en esas largas y buenas reuniones que recreas. Creo que fuimos aceptables alumnos, ahora podemos intentar ser maestros, por convencidos, convincentes.

Enseñaremos a conocer y a reconocer a los “héroes humildes” de Federico Bermúdez, “dormidos a la sombra del olvido”, y que revividos en nuestras clases, ocuparán el pedestal en que ahora se pavonean dioses de barro.

Hablaremos de los inmigrantes, de esa “historia de congoja/ su viejo dolor unido al nuestro” como nos pide Norberto James.

Continuaremos empeñándonos, tú Toni, lo pediste en desenterrar “aquí y acullá la cabalística/la trama postrera/ la gesta del verdugo del hombre, el ladrido de los perros a las viñas del cielo”.

Con los profetas, Toni, y tú eres uno de ellos, te estoy respondiendo. Todo lo que atesoramos en nuestra memoria y en nuestras emociones, eso que creemos que nos han robado, está aún con nosotros, existe en tus poemas y en mis lágrimas, en tus preguntas y en mi terquedad, en nuestro enojos, también en nuestras esperanzas, a las que hay que hacer crecer las alas. Eso, Toni, es lo que te convoco a enseñar.

Cuando vengas a dar la clase y te plantes frente a los más de cien estudiantes, que cursan el Diplomado en el Instituto Peña Gómez, vas a tener una sorpresa, Toni: una grata, cálida sorpresa: aprenderás de estos muchachos/as, de sus preguntas inteligentes, sus observaciones agudas, de su ágil razonamiento.

Sobreponiéndose a la deficiente base de nuestro sistema educativo, ellos intentan ser una generación que redima nuestros errores, aunque sea cometiendo los propios, pujando para hacer historia y pavimentar identidad.

Para que compartas esa alegría que vale la pena, te espero, Toni, el sábado 4 de octubre a las 9 de la mañana. La esperanza es un riesgo que he decidido correr, total, no me queda demasiado tiempo. Acompáñame.

Ahora soy yo quien te despierta, Peña Gómez nos aguarda.

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