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Embajador Serulle Ramia expresa preocupación por la humanidad en poema en tiempos de incertidumbre por el coronavirus

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PUERTO ESPAÑA, Trinidad y Tobago.-  El doctor José Serulle Ramia, embajador de la República Dominicana,  en Trinidad y Tobago, ha expresado hoy  su preocupación sobre los tiempos de incertidumbre que vive la humanidad con el impacto que va dejando el coronavirus en el planeta.
En un poema titulado «Recuerdos , carreras y cantos por la vida», el diplomático expresa que «la mente atormentada por tantos sufrimientos e incertidumbre de una humanidad impotente ante el drama dantesco provocado por algo tan microscópico como un virus», hizo que reflexionara sobre la crisis sanitaria, pero de una manera distinta, como distinto será el mundo después que pase la emergencia.
«Me vino a la mente el fardo de espanto que las sociedades de injusticia han   hecho cargar a los humildes de la tierra», enfatiza Serulle Ramia, para luego recordar  «el camino recorrido en mi pueblo de los recuerdos, Fantino, la solidaridad de su gente y el canto de fraternidad en el alba».
El poema que consta de seis partes, que como sostiene el embajador Serulle Ramia, el contexto presente le  asaltó un sentimiento de dolor profundo que sólo podía superar escribiendo una humilde proclama al mundo, viendo en ese instante los ojos de mi amada, con quien he compartido estos últimos cincuenta años en el nuevo amor que trae la nueva alborada.
«Estando lejos de mi patria adorada más cerca estoy de sus gritos del alma», afirma el  diplomático.
El poema:
FRENTE AL CORONAVIRUS RECUERDOS, CARRERAS Y CANTOS POR LA VIDA
-J.A.SERULLE R.-
-I-
Ayer me lavaba las manos con el agua cristalina del río de mi campo.
Ayer escuchaba el trino de las aves entrelazado al follaje de los árboles.
Ayer murmuraba con mi madre lo hermoso que era caminar con mi padre entre el arrozal de muros florecidos.
Ayer jugaba con mis compañeritos a la “Libertad” para romper grilletes que exhibían los ancianos en sus tobillos dolientes y en sus rostros de dolor.
Ayer iba al parque de mi pueblo y allí escuchaba historias de los mayorcitos que nos hacían reír y aprender modales de convivencia familiares.
Ayer notaba en la cara de los ancianos su desvelo de sorprender a sus nietecitos con canciones antiguas que ataban el alma de los jóvenes al porvenir de sus propias vidas.
Ayer veía a mis hermanos y hermanas estudiar y aprender canciones con la esperanza de convertir sus alientos en suspiros de águilas y sus llantos en fuerza de redención humana.
Ayer me hablaban de pensar siempre en los otros que son nosotros mismos y además viento que en su andar reduce el  sufrimiento de los oprimidos.
Ayer me explicaban que sembrar un árbol,  rosear las flores y cuidar el bosque era lo mismo que mantener puro el aire y grande el alma.
Ayer me susurraban las aves del patio de mi casa y me traían su canto de sinfónica música, meciéndose mi pena vuelta al rato melodía del canto.
Ayer me paseaba libre por los valles con perros, conejos, gallinas, lagartos y garzas, y en ese corretear, arrastrar y vuelos me sentía ser uno más entre todos ellos.
Ayer cuando María no cocinaba y no se escuchaba la paila de su cocina, mi madre me decía: “Corre mi hijo y averigua si allí comieron los nueve hijos e hijas”. “No madre, sólo hay un recipiente de agua hervida y raíces de plantas secas”. “Llévale, pues, hijo, este plato de comida a María, que ella sabrá cómo repartirlo”. Una semana después, María envió a mi madre con su hijo mayor, una bandeja de cangrejos, con el mensaje: “Para mi comadre y vecina, mi tierna hermana y mi solidaria amiga”.
Ayer escuchaba noticias, siendo niño, de que pueblos se organizaban para alcanzar mejores condiciones de vida y de trabajo, acabar con la opresión, la colonización y la expansión de nuevos dominios, desempolvar viejos fusiles, organizar a los pueblos y transformar la vida.
Ayer, siendo más grandecito, leí y estudié sobre la realidad del mundo.
Me di cuenta de que las cosas no andaban tan bien y que era mucho lo que había que hacer para que la vida renaciera.-II-

Vinieron las guerras, tiranías y conflictos por tierras de pueblos postrados ante el poder de los transgresores de antaño y de hoy.
Concentraron riquezas extraídas de las entrañas de los suelos, violando los bosques, contaminando los mares y matando los ríos.
Coloniales e imperialistas afanes llenaron de luto las pieles de los oprimidos y escondieron para no amedrentar sus tropas serviles virus y bacterias que diezmaron a millones.
Capitales no tenían para dar cura y salud universal a la gente pero sí para llenar las arcas de sus cuentas bancarias, ampliar sus arsenales de armas, especular en sus bolsas de valores
y fortalecer sus expoliadores y guerreristas planes.

-III-

En definitiva, los tiempos de guerra tienen que ser superados.
Los días de intervenciones militares y de dictaduras oprobiosas, de discriminación y de división de pueblos, al zafacón de la historia.
Y los versos de hermandad y los cánticos de bienestar colectivo convertidos en estandartes de cruzadas de gloria.

-IV-

El cerezo florecido nos hará más tiernos.
El valle reverdecido permitirá que veamos el horizonte sin mancha.
El bosque con árboles de milenios recuperará la sonrisa de los tiempos idos.
Los océanos repletos de flora y fauna, de especies inundados, nos traerán en sus olas brisas de amores florecidos.
Entonces, caminaremos juntos, como lo que somos, especie humana, agarrados en el lomo de los viejos sabios, entretejidos en el manantial que crea los serpentinos ríos y baña la pureza del lirio.

-V-

Vibraremos de emoción por el llanto derramado al perder a seres tan amados, en la aurora y en el crepúsculo de sus quebrantos.
Y también bailaremos al son del tambor, en un brindis de pueblos,
por los venideros días cargados de fortuna en el hondo fulgor, en el aire puro y en el beso de amor.

-VI-

Como nunca azul estaba el cielo.
Como nunca antes alto volaban las aves.
Como nunca bañaba la brisa la corteza del árbol.
Como nunca se tornó melodía el silencio.
Como nunca antes padres e hijos juntos permanecieron.
Como nunca el recién nacido valer hacía sus primeros gritos.
Como nunca la humanidad había entendido el precepto de validez inmarcesible de mantenerse unida.
Como nunca los potros de todos los pelajes, ya embridados en el nerviosismo de su carrera, ya perdido su suspiro y montados por etnias disímiles, se contenían para ver en calma el mundo que florecía.
Como nunca se comprendió que más valía cantar y no el sollozo de la guerra, la solidaridad sin el  escarnio del egoísmo y el beso de la flor en el vuelo del ruiseñor.

The Greens, Maraval, Trinidad y Tobago
8  de abril de 2020.-

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