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Opiniones

A votar sin miedo e intimidación

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Por Pascual Ramírez.- 

Ya se acerca la hora cero para la democracia dominicana, hora en la que decidiremos el rumbo y el futuro de la nación. Varios candidatos contienden en estas elecciones en las que el bipartidismo tradicional ha sido roto por la irrupción con fuerza descomunal de una nueva opción que se perfila como la más potable, la más segura y la más promisoria.

Votar es un deber y un compromiso patriótico, sobre todo, en momentos en que tendremos que elegir quién tomará el timón del destino nacional durante los próximos cuatro años. Y este no puede ser alguien inexperto, sin experiencia de Estado, ni mucho menos alguien incapaz de articular bien sus propios pensamientos y embarrado por la corrupción gubernamental.

En este sentido, el voto que echemos en las urnas nos puede salvar o nos puede hundir más. También, al momento de sufragar hay que rechazar la intimidación, las bravuconadas y la coacción del gobierno de que impondrá resultados basados en la fuerza del poder y en trampas electorales.

El pueblo dominicano hace tiempo que creció y ya no le tiene miedo a ningún “cuco” azuzado por Danilo Medina y sus secuaces. Quienes tienen que estar bien asustados son ellos por las sombras de la derrota y por el asomo del fantasma del juicio que tendrán que enfrentar en los tribunales.

Es hora de poner en la balanza de la conciencia nacional a los candidatos que tercian en el actual torneo electoral. Si lo hacemos así, veremos que hay un candidato que inclina la balanza a su favor por su mayor peso intelectual, político, social, liderazgo nacional e internacional.

Es verdad que votar es una responsabilidad ciudadana. Pero más verdad es que debemos votar bien para evitar las negativas consecuencias de votar mal. Y votar bien es hacerlo por el mejor, por el más preparado y capacitado, por el más comprometido con los desheredados, por el que mejor representa los intereses comunes, por el que más sabe cómo enfrentar y salir de las crisis que nos sobrevienen, como es el caso del Dr. Leonel Fernández.

En cambio, votar mal es hacerlo por moda, por impulso superficial, por influjo de la propaganda falsa y dejarse llevar de encuestas tendenciadas. Debemos sopesar bien nuestro voto para que no tengamos que arrepentirnos después, para que no nos veamos posteriormente en la necesidad de salir a protestar por la mala gestión de un gobierno que nos crearía sentimientos de culpa por haberlo elegido nosotros mismos.

Medir y pensar bien el voto que vamos a depositar en las urnas significa considerar que no es por un par de meses que tendremos que sufrir las derivaciones de una mala decisión, sino por cuatro largos años de nuestra vida, que no podemos darnos el lujo de perder así por así. Y lo que se haga en ese cuatrienio hasta nos puede afectar por una década.

De ahí la importancia de no votar a la ligera por el más pegado en la propaganda, sino por el más medido y valorado en nuestra conciencia. Si los amigos lectores me han acompañado hasta aquí, sabrán a quien me refiero. A un líder de verdad, a un hombre curtido en el conocimiento y en muchos saberes. A un político innovador y renovado que aprendió del pasado para no repetir los errores incurridos.

Hablamos del doctor Leonel Fernández, el voto más consciente e inteligente, el voto de la esperanza nacional, el voto de los que los que más aman a su país, el voto que nos rescatará del atolladero en que nos han metido.

 

 

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