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Opiniones

Entereza: Aprender a vivir y a morir

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Por Antonio García Fuentes.- 

Cómo y en general hoy se vive con un ancestral miedo a la muerte; el desgraciado “mono humano”, vive en un sin vivir continuo; e inconscientemente, se sumerge en lo que llega a ser terror a ello, “nadie le ha enseñado que tan natural es el nacer como el morir”; y que por tanto, hay que aceptarlo cuanto antes; pero nunca, ni los padres ni los maestros (que no hay) o profesores, se les ocurre hacer ver a tiempo (no después de la pubertad) estas dos verdades incuestionables; con el suficiente “tacto”, para no provocar miedo y menos terror, por “la naturalidad” del hecho.

Como una víctima bastante acentuada de esta falta de enseñanzas, yo padecí mucho sobre ello y tardé muchos años (ya “muy adulto”) en asimilar todo ello; puesto que mi vida empieza en la terrible guerra civil española (1936/1939) donde la muerte terrorífica se adueña de España y donde los muertos, abundaban en casi todas las familias; y los que siguen abundando muchos años después de la devastación “guerrera” (años del hambre y todas las vicisitudes que pasamos la inmensa mayoría de españoles”) a los que hay que sumar, los de “antes de la guerra”, las atrocidades que cometieron ambos bandos, no solo asesinando en masa en “sus territorios”, sino igualmente llegando a las torturas y hechos que son innombrables hoy, por lo terroríficos de muchos de ellos; debido a todo ello, “yo llegué a estar curado de espantos, si bien más de una vez pensé en el suicidio”; como liberación; cosa que hoy mismo sigue ocurriendo a muchos y no sólo en España (donde abundan los suicidas), por ese que no es ya terror a la muerte, sino a la propia vida que soporta, el desgraciado que termina suicidándose”; afortunadamente para mí, llegué a la conclusión, de que ese, “es el peor de los crímenes a cometer por el mono humano”; soporté todo lo soportable y ya he cumplido 83 años y hoy, “ya no tengo prisa por pasar al otro lado, ni tampoco tengo miedo a morir en estos momentos en que escribo”.

Sé o intuyo, que la propia Creación o Dios, o cómo queramos denominar a ese misterioso ente; nos tiene marcada la vida, y “nos echa aquí no en un día, sino en unos instantes de ese día… y nos mata de igual o parecida forma en otro día, en que nos tenga fijado la marcha”. Lo reflejo así de fríamente, basado en mis propias experiencias, y también en dos sentencias, que curiosamente vienen del cristianismo; donde su fundador, en una de sus prédicas, afirma… “ni uno solo de tus cabellos, caerá sin permiso de Él”. Y también de la matización que hace, el reformador rebelde del catolicismo, que afirmó… “Somos marionetas, cuyos hilos mueve Dios”, lo dijo Lutero; lo que con mis observaciones personales acepto como una verdad.

¿Por qué? Por cuanto en los grandes hechos y en que los muertos son masivos y por lógica deberían haber muerto muchos más; siempre hay grupos, o individuos, que sobreviven y muchos sin recibir herida alguna (“dejemos a un lado las heridas del alma, que esas siempre quedan”); caso de inundaciones, terremotos, volcanes, accidentes ferroviarios, de carretera, aviación, marítimos, epidemias y muchos más; siempre hay, quién no muere, o no es herido; queda ileso, e incluso, “dándolo por muerto”, aparece vivo y se salva de forma que se dice “milagrosa”.

Aparte de todo ello; y si “la reencarnación es una realidad”, será verdad, aquello tan viejo, que consoladoramente se dice del muerto, “pasó a mejor vida”; cosa que también la indica Cristo en una de sus prédicas… “Nadie que no nazca de nuevo entrará en el reino de mi Padre”. Es claro que para nacer de nuevo hay que morir antes de ello.

Y tras todas estas reflexiones, mis lectores pueden pensar lo que crean oportuno; que es lo que yo pretendo con todos mis escritos, o sea, “la libertad total para juzgarlos o valorarlos”; pero en este caso confieso el porqué de estas.

Las he escrito, por la profunda impresión que me ha producido un trabajo periodístico de gran categoría, sobre el drama que han vivido, no sólo los afectados múltiples por “el maldito VIRUS CHINO”(chino porque allí nació); sino por los que como sanitarios en todas sus categorías, han tenido que sufrir lo peor de la pandemia, que no sólo es su propio riesgo, sino “las matanzas o muertes primeras” y donde sufrieron lo indecible, como nos cuenta, “XLSEMANAL 1770 del 26-9 al 02-10-2021 bajo el titular, “Cuando las “olas” te rompen por dentro”; y el que aparte del contenido periodístico, vienen tres confesiones de tres mujeres, que confiesan lo que han pasado y las secuelas que les quedan. Pueden leerlo en Internet.

Para mí es claro que tampoco a “los sanitarios”, les enseñan lo que al principio he escrito y que sintetizan mis titulares; y profundizando en ello, es que la misión de estos seres, no es profesional, debe ser “vocacional” y exhaustivamente preparada, para todo lo que se les puede presentar “en su carrera”; y es curioso, ya que en mi pensar y discernir; situé la sociedad, en; “los cinco puntos del dado de seis”; donde en los cuatro extremos situé precisamente a estos imprescindibles miembros de una sociedad bien organizada, y los otros tres, los reservé, a “jueces y auxiliares de la justicia; maestros y auxiliares de la enseñanza normal; y a los filósofos o sacerdotes para el cuido del alma. Y en el centro; “la familia”; hoy tan desorientada cuando no destrozada en extremo.

Si esos cinco puntos funcionaran bien alguna vez, seguro que, “las tribus del mono humano que lo disfruten, vivirán infinitamente mejor que hoy viven”; pero todo ello es largo de explicar y hoy no tengo gana de ello. Aunque creo recordar que ya lo he explicado en algún folio de los ya muchos miles que escribí.

 

 

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