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Opiniones

El año 2022 y el gran reto del liderazgo político 

Publicado

en

POR CARLOS NINA GOMEZ
([email protected]).-

 

Doy inicio a este artículo con una frase que hay tener bien presente en el panorama político nacional.

Una  frase, por demás, que debe quedar perennemente en las cabezas de quienes pertenece al importante segmento político de la sociedad dominicana.

Esta es la frase: «El dirigente político que le miente a su pueblo, en cualquier circunstancia, está condenado al sepulcro eterno».

Los dirigentes políticos locales, en especial aquellos que aspiran llegar a la Presidencia de la República, tienen que ser cautos cuando hacen  declaraciones públicas y saber que el pueblo está al acecho, que ya no acepta que se le mienta. El pueblo no acepta ni siquiera «mentiras piadosas».

Vivimos momentos de alta trascendencia política en los que ningún dirigente, aunque se le sindique como honesto, impoluto,  eficiente y practicante de «todo lo bueno» que ocasione su praxis social, no puede dar pasos en falso. Y máxime cuando  se trata de un aspirante a llegar a lo más alto del púlpito del Palacio Nacional.

A propósito del complejo y delicado tema que hoy analizo, recordemos a Platón, uno de los grandes pensadores y doctos hombres de la antigua Grecia. Para Platón, «la política es el arte de pensar y de gobernar. Es  todo lo que el hombre produce con habilidad y para algún fin».

El pensamiento político debe ponerse en práctica -siempre para beneficiar a las grandes mayorías, en el marco de una democracia auténtica- basados en programas de avanzada en favor de toda la sociedad y nunca divorciarlo de la realidad que vive un pueblo, sin importar ninguna circunstancia.

En función de la teoría de Platón, otros pensadores han sido categóricos al analizar la política como ciencia tras exponer que «para ello se debe mencionar que la política pertenece al área de las ciencias sociales que estudia principalmente la organización, consolidación, distribución, ejercicio y conservación del poder político tanto al interior de la sociedad como en la institucionalidad del Estado».

Partiendo de esta certera opinión, el liderazgo político local -sin importar que se trate del Presidente de la República o de dirigentes que pertenezcan a partidos de la oposición- debe siempre actuar levantando la bandera de la verdad y nunca emitir criterios que abracen la demagogia. Nunca mentirle a la sociedad.

En la actual coyuntura, el dirigente político que no actúe con seriedad, acorde con la verdad -aunque tenga que hacer grandes esfuerzos- recibirá el rechazo hasta de sus acólitos.

Comenzó el 2022, un año pre electoral, y el  liderazgo político nacional tiene un gran reto.

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