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Reflexión: Un deseo

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jesus. Reflexion de Susana Moreno POR SUSANA MORENO.-

Si tu pudieras pedir un deseo ¿cuál sería?

Conocemos la historia. Un genio, que ha sido liberado de la botella con tan sólo frotarla, aparece de pronto y se pone al servicio de su nuevo amo. Cumple sus tres deseos que, con el tiempo, arruinan la vida del amo. 

La moraleja, como sabemos, es que debemos tener cuidado con lo que deseamos porque se puede hacer realidad. Pero cuando Salomón examinó este ofrecimiento (1 R 3.5), dio una respuesta que agradó a Dios y que no arruinaría en absoluto su vida: “Quiero tener sabiduría”, dijo. Por su nueva responsabilidad como rey, Salomón quería tomar buenas decisiones y juzgar con justicia.

Pero no había tenido la experiencia ni aprendido las lecciones de la vida necesarias para manejar los difíciles problemas que tendría la responsabilidad de resolver. Por eso pidió inteligencia y una mente con capacidad para discernir. Dios le concedió su deseo, y además un bono de riqueza y honra, sólo porque no pidió lo de siempre.

El Señor también le dijo a Salomón que si obraba como era debido, daría una larga vida al rey. Salomón no necesitaba más nada. Con todo un mundo de sabiduría y toda una vida por delante. Llegó a ser conocido en todo el mundo por su gran discernimiento y decisiones juiciosas, y la gente acudía a él desde muy lejos para aprender de su sabiduría (1 R 4.34). Pero tener sabiduría no significa siempre actuar sabiamente.

Salomón tenía una debilidad por las mujeres extranjeras que adoraban a otros dioses. Por tanto, el Señor visitó a Salomón y le advirtió de nuevo: “Si… os apartareis de mí… y no guardareis mis mandamientos… sino que fuereis y sirviéreis a dioses ajenos, y los adorareis; yo cortaré a Israel… [y] será por proverbio y refrán a todos los pueblos” (1 R 9.6, 7). 

La sabiduría es algo maravilloso. Santiago, el hermano del Señor Jesucristo, nos alienta a pedirla en oración (Stg 1.5). Pero la sabiduría por sí sola no es suficiente. Sin un corazón que ame a Dios, sabremos las cosas que hay que hacer, pero no tendremos la voluntad de hacerlas. Veremos el camino equivocado de los perdidos, pero sin el deseo de hacerlos volver al Salvador. Como dijo Pablo a los corintios: “[Si] entendiese todos los misterios y toda ciencia… y no tengo amor, nada soy” (1 Co 13.2).

Cuando Salomón violó el primer mandamiento, también desobedeció el mayor de todos: amar a Dios con todo su corazón, y con toda su alma, y con toda su mente (cf. Mt 22.37; Dt 6.5). Toda la riqueza e inteligencia del mundo no valen tanto como amar a Dios.

Dios te bendiga.

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