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Opiniones

Eje conceptual necesario

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Ivelisse-prats-de-perez1POR IVELISSE PRATS RAMÍREZ.-

He acudido a Hanna Arendt en muchas ocasiones para no extraviarme en un laberinto fabricado por los que pescan en río revuelto de los equívocos de doble sentido que confunden mentiras con verdades.

La pensadora alemana reorienta las brújulas, recupera el equilibrio entre tiempos y espacios; confirma mis preocupaciones holísticas; otorga base racional a una visión integrada, del todo que se coherencia alrededor de un eje filosófico y ético, una ideología, que dan sentido al movimiento impulsando los cambios hacia adelante, también hacia atrás. Ante la inminente firma del Pacto Educativo que solicité y deseé vivamente, y ahora me suscita grandes reservas, volví a buscar en Hanna Arendt orientación y consejo.

Debo acotar que esta judía iluminada no es cientista exclusivamente educativa; filósofa formada para abarcar la universalidad en sus análisis y juicios, integrando lo particular con lo genera. Es, además, una criatura humana, que intenta armonizar su contundente lógica académica con una sensibilidad social emanada quizá del largo peregrinar penoso de su pueblo.

Como otros pensadores y escritores que forman el consejo asesor que me orienta, Hanna Arendt enfoca la educación como parte, como elemento, como puente; nunca aislada ni estacionada solo en un aquí y ahora, sino fluyendo, abierta a las corrientes de la vida. Su dialéctica explica con sencillez que asombra que la educación se sitúa entre el pasado y el futuro, entre la estabilidad y el cambio, entre la tradición y la innovación.

En las mesas de trabajo del Pacto Educativo se han dado debates importantes, incluso, encontronazos. Unos se abalanzaron a mirar el futuro, demandar “delicatesen” pedagógicas, solo alcanzables muy pocos, sin completar la calidad con la equidad. Otros añoran volver al pretérito con su absolutismo dogmático, sus aulas silenciosas, su disciplina heterónoma, muchas horas de clases en las aulas, mientras el barrio o el campo contexto de la escuela, permanecen igualitos que ahora, en su inmutable miseria.

No estuve presente en los debates sobre el Pacto, razones personales y políticas me lo han impedido. Pero percibo en lo que leo en la prensa, y en los comentarios alrededor mío, que quizás falte como hilo conductor ese sentido de proceso y esa visión de cultura y de doctrina de la Arendt que debe ser eje de una reforma educativa.

Surgen mis preguntas, ¿cuántas veces se asomó el señor Hostos, no para predicar un pasadismo inaceptable, sino para reclamar qué tradiciones de que surgen en la Escuela Normal que el fundara, se reconozcan como base de una enseñanza nacional para que la observación y a la razón sustituyan al actual memorismo?

¿Prepararemos a los sujetos dominicanos para entender, la inevitabilidad del cambio? ¿Figurarán la ética, la moral social y el antillanismo del Sr. Hostos como pivotes, de un currículo que forme generaciones puras y fuertes como las que egresaron de la Escuela Normal hostosiana?

¿Se tomaron en cuenta, y aparecerán en las conclusiones, las numerosas experiencias de pasadas reformas, nunca bien evaluadas, siempre superponiéndose unas a otras al compás del gobierno que llega, sin respetar el carácter procesual de la educación?

Construir y habilitar escuelas rurales, por ejemplo: más que una simple operación de extensión del sistema escolar, es asunto de la equidad y a la cohesión social; la escuelita pequeña con casa humilde adosada para que el docente dé un valor agregado de autoestima y de dignidad colectiva a la comunidad remota, donde los habitantes digan con orgullo “tenemos ya una escuela”.

El futuro, es cierto, hay que caminar hacia él rápidamente, hemos perdido tiempo, las evaluaciones internacionales dan la alarma. En el futuro de la educación, porque ya está en el presente, las TICS, son indispensables. No es necesario emular a Uruguay entregando una computadora a cada estudiante -Uruguay es un país con un universo de pequeños alumnos- para generalizar el uso de las tecnologías, bastará crear, como se está haciendo ya en varios países de América, talleres o laboratorios de Informáticas, móviles que abarquen el servicio a las escuelas públicas.

Un gesto generoso de los empresarios que participan en los debates del Pacto sería donar la primera partida masiva de estos laboratorios de Informática, a cambio de exenciones razonables.

Y como la educación, online o presencial requiere materiales, la creación de un centro de elaboración de softwares educativos, que abarque también el entrenamiento de los docentes, sería una innovación transformadora con impacto seguro, en la mejoría de la calidad de los aprendizajes.

Repito, no he estado presente, no sé si la sospecha que me asalta tiene asidero cierto: pero leyendo a Arendt confirmo que al debatir sobre educación, hablamos de cultura y de una definición de filosofía educativa que vayan por delante de los detalles didácticos.

¿Se ha hecho eso en las Mesas?

Ojalá despeje mis dudas. Mientras tanto sigo creyendo en Hanna Arendt.

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