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Opiniones

Las primaveras de 1965

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ivelisse pratsPor Ivelisse Prats Ramírez.- 

Volver a la UASD es como no haberme ido nunca, es verdad que  permanezco en ella emocionalmente en permanente atención.

En sentido estricto, entrar físicamente en ella es retornar a nuestra casa, viniendo de la calle peligrosa y el trabajo fatigoso, y respirar hogar, calor de afectos, unos recuerdos que vencen al cansancio y empañetan de gozo el corazón.

El martes de esta semana tuve esa experiencia. Ofrecí una conferencia en el auditorio de la Biblioteca Pedro Mir, en el inicio del  programa justiciero que la Vicerrectoría de Extensión organizó para conmemorar el 49 aniversario de la Revolución de 1965.

El título de esa conferencia, elegido por Nino Feliz, el buen poeta y mejor ser humano que ocupa de nuevo esa Vicerrectoría, fue “Abril, la UASD y el Movimiento Renovador” y de el partí comenzando con una travesura lingüística, para motivar en los presentes la curiosidad y el interés. Acudí  a mi vieja práctica de Profesora de Lengua Española, y califiqué como pleonasmo el título. Sus elementos, abril, con su revolución incluida, la UASD y su Movimiento Renovador, eran la misma cosa. Los sustantivos reforzaban la misma esencia, tenían el mismo origen, fines comunes, significado idéntico. Y me puse entonces a demostrarlo.

Abril es mes que se identifica con la primavera, estación de cambio, de frutos y flores que irrumpen en colores y promesas.

En abril del 1965, estalló en nuestro país la protesta contra los desmanes del Triunvirato.

Como toda primavera, esta no improvisó su llegada, se había ido incubando en el invierno crudo que desencadenó sobre el país el derrocamiento del gobierno del PRD encabezado por Juan Bosch y que marchitó la democracia dominicana. La primavera de las justas rebeldías se abrió paso, durante dos años de abusos, en medio de ese invierno precedente,  a través de conversiones a la democracia de algunos militares de honor, con la tenacidad de algunos dirigentes políticos perredeistas, Peña Gómez sobresaliendo, y creció, en la conciencia ciudadana.

La gesta abrileña tenía su bautizo alto y trágico en la sangre de los muchachos del 14 de junio, derramada en Manaclas.

Muchos de los que se alzaron en las elevadas montañas de Quisqueya a las que les convocó Manolo Tavares, eran estudiantes de la UASD, y también eran uasdianos, profesores, alumnos, los que participaron en la Revolución de Abril en su primera etapa de lucha contra los malos dominicanos del triunvirato, y en la segunda de trascendente superación que la transformo en guerra patria contra el invasor.

Las estaciones terminan. La primavera de la revolución concluyó, vencida por la fuerza su razón poderosa.

Los uasdianos que quedaron vivos retornaron al Alma Mater y llevaron allí un pedazo del gran proyecto educativo que en los meses luminosos que se iniciaron en abril se había formulado, en muchas reuniones fecundas a las que asistió varias veces el Presidente Caamaño.

Esa parte de abril rescatado germinó en la UASD, con el Movimiento Renovador.

En el terreno más noble de las ideas, del empeño de compartir saberes y descubrir otros nuevos, de expresarse libremente y debatir conceptos para luego transformar estructuras y planes añejos, se construyó una maqueta estupenda de los monumentales propósitos sociales y políticos de la Revolución de abril.

 De estas primaveras conexas, articuladas en el título de mi conferencia, hablé mucho el martes, en el comienzo de una estación del año que hizo historia de heroísmo y sueños en 1965.

La narración es larga, muchos nombres y sucesos van creciendo y poblando de luz el espacio de la remembranza de ese ayer. Seguiré en días próximos recordando En Plural estos acontecimientos que la UASD conmemora atinadamente, ilustrándola gráficamente con la exposición de fotografías que se muestran en la Biblioteca y que ningún joven debe dejar de ver.

Como nuestra historia no está concluida, la estamos haciendo y la continuarán las próximas generaciones, mezclaré los recuerdos de esas primaveras pasadas con el diseño anhelante de otras futuras que necesita y merece nuestro pueblo.

¡Que abril crezca de nuevo alas, como pide el poeta Toni Raful!

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