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Opiniones

¿Hay esperanza para este mundo?

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Fausto Piña (4)-1Por Fausto Piña.- 

Mirando nuestro mundo en conflictos y déficit de valores, hace que muchos estén demostrando una informidad extraordinaria; existe mucho pesimismo sobre el futuro de las personas que componemos este mundo. Una mayoría está sintiendo que todo el universo se le cae encima. La pobreza, las enfermedades, la delincuencia, la inflación, devaluar las monedas, entre otras circunstancias negativas que hunden al mundo en el fango del fracaso, están preocupando seriamente a algunas personas.

¿Hay esperanza para este mundo? La respuesta es muy compleja por los diversos enfoques de visión que existen, sin embargo, no hay esperanza para este mundo. La esperanza está basada en un estado de ánimo de mejoría, nunca de atrasos. Aunque algunos afirman que lo último que se pierde es la esperanza, eso simplemente es un error, pues poner esperanza en lo que no es posible, se convierte en una ilusión. Para que haya esperanza en el mundo, debe haber un sinnúmeros de factores y de recursos humanos que hagan posible el cambio de la situación actual.

Engañarnos es perder el tiempo, y el rumbo de lo que debemos hacer. El apóstol Pablo escribió: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna» Gál. 6:7, 8. Esta enseñanza en la vida espiritual, es propia para la vida terrenal y social. El principio es que se recibe lo que se hace. Dios conoce nuestra realidad y da una salida a la misma, pero el hombre debe buscarla y encontrarla.

Nuestro mundo está sembrando conductas dañinas, las cuales generan pobrezas, enfermedades, conflictos sociales, y hasta desórdenes en la naturaleza. Entonces, si lo que sembramos, o hacemos son los anti- valores que van en contra del ser humano, no podemos pensar que la situación actual cambiará en mejoría en el futuro mediato ni inmediato. Enturbiar el pensamiento del hombre con falsas esperanzas, es hacerle un gran daño, por eso es mejor hablar la verdad, aunque ésta sea dura al oído.

Si queremos un cambio, entonces hay que proceder del interior del mismo hombre, donde se involucra la voluntad de éste y todo lo que él implica. Jesucristo, gran Sabio, Maestro y Mesías de la humanidad, centralizó el bienestar del hombre en el arrepentimiento de las malas acciones, subrayando que éste es el comienzo de las buenas acciones. Para nadie es un secreto que todo aquel que se aparta de las conductas malas, puede enderezar su situación a una mejor vida.

Casi todas las religiones se fundamentan en el cambio del individuo, para que haya cambio en la sociedad, y por ende en el mundo. Se debe propagar lo bueno, lo sano, lo puro que esté sustentado en los valores del espíritu del hombre y sociales que permitan la convivencia en felicidad del hombre en sociedad. Sin embargo, el mundo está propagando las conductas impuras, o anticristianas que en realidad llevan al hombre al fracaso. ¿Qué se propaga? El alcoholismo, la fornicación, el adulterio, la homosexualidad en el varón y en la hembra, el cigarrillo, la glotonería, en fin lujurias y lascivias.

Hay que propagar el amor al prójimo, la honradez, la sinceridad, la fe, la misericordia, la justicia, la paz, la dignidad, el respeto, el trabajo, la vida sana y sobretodo el principio de la sabiduría que es el temor a Dios. Si el hombre comienza a andar conforme a estos valores, sin duda, que en poco tiempo tendrá un giro en todo sentido de bienestar personal, y social. Es tiempo de decirle al hombre, que sea hombre; que asuma su responsabilidad. Dios dejó al hombre como mayordomo en la Creación, somos responsables de lo que hacemos y tendremos que dar cuentas de todo lo que somos responsables ante Dios.

El mundo ha venido viviendo un engaño, nadie acepta su culpabilidad. Unos acusan a los gobiernos de la situación actual; otros, a los empresarios; otros, a los políticos; y otros, a la sociedad en general. Parece que todos están conscientes de que hay culpabilidad, y en realidad la hay. El problema es que cada quien quiere deshacerse de ella, culpando a otros. Adán y Eva hicieron lo mismo ante Dios y el pecado cometido. Adán dijo: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.» Parece que él se creía que no era culpable, sino la mujer; mientras que la mujer dijo: «La serpiente me engañó, y yo comí,» Gén. 3:12, 13. Ninguno se sintió culpable.

Aunque Adán y Eva dijeron la verdad, pero ambos comieron de lo que los hacía culpables de la situación que se les presentó y por tanto recibieron las sanciones debidas a sus extravíos. Ahora bien, ¿quiénes son culpables de la situación actual del mundo? Sin duda que todo ser humano, unos con mayor cantidad de culpa que otros, pero es el hombre el culpable de lo que está aconteciendo. La razón por lo que pasa esta situación, es que existe un ser maligno, una energía maligna que influye en los deseos y aspiraciones de las personas, para que actúen incorrectamente. El hombre por un lado es víctima, pero por otro es victimario.

Pero, ¿hay esperanza para este mundo? No visible, mas hay que indicar que, si el mundo decide cambiar, entonces se presentará una esperanza. Ahora bien, en Jesucristo es la única manera que todo un mundo puede cambiar, porque él tiene el poder y las virtudes necesarias para lograrlo. Pablo escribió a los colosenses:…»que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria» Col. 1:27. Y escribió a Timoteo: «Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza a Timoteo»… I Ti. 1, 2a. Entonces, hay una una luz que nos señala el único camino hacía la esperanza: Jesucristo. El nos perdona de los pecados y nos enseña un nuevo y verdadero camino en él mismo. Dios le bendiga.

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