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Opiniones

Las mejores aulas

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POR IVELISSE PRATS RAMÍREZ.-

Luisa de Povedano y Virtudes Uribe son dos mujeres admirables, ciudadanas responsables, promotores de cultura y de lectura.

Las conozco y respeto hace muchos años; soy lectora vehemente desde mi niñez rodeada de libros que se apiñaban sobre mesas y sillas en todos los rincones de la casa.

Además, enseñé Lengua Española y Literatura, asignaturas que solo se aprenden y se usan apropiadamente leyendo mucho, dialogando con conceptos y palabras.

En el contexto de estas motivaciones, leí en la prensa al comienzo de semana una comunicación que Luisa y Virtudes dirigen al ciudadano Presidente de la República.

En ella solicitan su atención sobre el diseño de los planteles escolares que se construyen actualmente, y eso es bueno, en todo el país.

La comunicación formula una raigal pregunta socrática: ¿Tienen estos centros, bien definido y reservado el espacio adecuado para colocar y usar lo que la ley 502-08 denomina “dotación bibliotecaria” o sea, la indispensable Biblioteca Escolar, que con el empuje de la subcultura digital, se convierta en centro de Recursos para el aprendizaje?

La pregunta es pertinente, recordemos que ya en el siglo pasado Jaime Torres Bodet, que sembró de libros las escuelitas rurales mexicanas, afirmó que “la biblioteca escolar es la mejor aula”.

Por si acaso, la comunicación ofrece una propuesta: un proyecto de Biblioteca Escolar y de Maestros a un costo de RD$1.3 millones que dentro de sus límites empezaría a cubrir la escasez- o la falta absoluta-de los libros en nuestras escuelas públicas.

Comparto preocupaciones e intenciones buenas de estas respetables amigas y asumo que su proyecto se acogerá. Ahora que se dispone del 4% para la educación, la adquisición de estas pequeñas Bibliotecas, es una inversión factible, honesta y rentable.

Supongo que esta propuesta, avalada por la honorabilidad de quienes la hacen, llegó tardíamente al despacho presidencial: pienso que si la hubieran conocido antes de la recién finalizada Feria del Libro, los millones que se despilfarraron en el “stand” del Ministerio, hubieran sido utilizados en adquirir estas Bibliotecas “breves” que así se llaman en otras latitudes. Por lo menos, una docena de escuelas públicas de las más deprivada dispondría así de estas semillas germinales de lectura.

Pero aún es tiempo para iniciar el rescate de los compromisos que tenemos dentro del Programa ILÍMITA, que se aprobó en una Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno en 2003: “la creación y actualización de Bibliotecas Escolares y otros espacios de lecturas en TODAS las escuelas públicas, como línea estratégica indispensable para democratizar la educación y para elevar la calidad de la acción educativa”.

En las evaluaciones internacionales, CERCE, PISA, el estudio comparativo: “Una mirada al interior de las escuelas primarias”, los pésimos resultados obtenidos por nuestros estudiantes, ofrecen prueba fehaciente de que no hemos cumplido el compromiso consignado en ILÍMITA; nuestros niños y jóvenes no interpretan lo que leen, ni lo comprenden siquiera, mucho menos tienen la capacidad crítica indispensable para participar en democracia.

¿Cómo podrían saber leer, si recientes Informes del Desarrollo del PNUD, descubren que solo un 25% de los Centros Escolares dominicanos tienen Bibliotecas?

Luce perogrullesco, pero es obligado reiterarlo: a leer solo se aprende leyendo y a escribir, leyendo y escribiendo. Sarmiento afirmaba, mientras él y Juana Manso distribuían libros como maná en todas las escuelas de la Pampa, “No se puede separar la biblioteca del aula”. Los estudiantes que solo pueden leer los escasos-a veces malos libros de textos,-no podrán remontar en las escuelas públicas el déficit que traen de sus marginalidades familiares y barriales.

Memorizar reglas gramaticales, no es ahora, en este mundo de saberes, ni suficiente, ni justo. Solo entre muchos libros, en prosa y con versos, podrán las nuevas generaciones construirse, y construir una nueva sociedad.

Tampoco podrán guiarlos en esas tareas magnas los profesores desprovistos de libros en sus entornos laborales.

Es que en este país de mis amores y dolores, el esteticismo, el maquillaje, supera la ética, la esencia de las acciones sociales.

En el caso de la lectura y el libro disponemos de dos espacios monumentales, uno público y otro privado; la Biblioteca Nacional, que funciona por todo lo alto después de varios años cerrada, y la de Funglode, que según me dijo con orgullo el Dr. Leonel Fernández, tiene cientos de miles de libros.

El 75% de las escuelas públicas, los únicos sitios en donde los estudiantes pobres podrán iniciarse en la cultura escrita, no dispone de bibliotecas.

Si no se enmienda esta injusta distribución del derecho a leer, a todas las escuelas, nuevas o viejas, les faltarán las mejores aulas.

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