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Opiniones

Esperar contra la desesperanza

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ivelisse POR IVELISSE PRATS RAMIREZ.-

Me he mantenido en estos últimos días intentando asirme a las nubes, escribiendo  y hablando sobre casos y temas ajenos a la crisis del Partido Revolucionario Dominicano.

Pero ese levitar evitando mi tierra y sus dilemas no me es propio, retrasarme ante la inevitabilidad  de una opinión responsable solo conduce a incertidumbres ajenas y a personales incomodidades.

Mientras se trató solo de una propuesta asentada en enojos y rechazos justos, expresando el legítimo derecho de no morir en vida, de continuar participando, aunque desde un sitio distinto en la lucha política, pude ponderarla objetivamente, ver su cara y su cruz, analizar como hipótesis esa posibilidad desmenuzándola lógicamente.

Pero irse del PRD ya no es eso. Es decisión tomada que se concreta en declaraciones públicas de Hipólito Mejía, y en preparativos técnicos y legales. Y esa decisión involucra, lo dice el ‘nombre’ de la corriente que le da origen, la parte mayoritaria del partido.

La acción, bautizada como “rescate del PRD”, definirá la división más dramática, cuyas características pueden conducir en una modificación, por resta o por suma, de las nomenclaturas, la composición hasta la orientación de nuestro sistema de partidos, tema que analizaré en otro En Plural.

Como quedaría en manos del grupo minoritario la sigla y los símbolos del PRD, homologado ese falso título de propiedad por los aliados peledeístas, el cuerpo mayoritario de nuestra organización decide constituirse en una alternativa, barajada desde hace meses, y reiterada en esta misma semana desde el Listín, por ese dirigente insobornable y digno que es Hugo Tolentino.

Razones tienen Hugo y tantos otros, que al condenar la maleada gestión de Miguel Vargas y su grupo, plantean construir un espacio donde predominen las ideas de Peña Gómez, reivindicando los compromisos que impone al PRD su propia historia.

Sin embargo, aún vacilo. No soy una cientista social acabada, mis conocimientos se han ido acumulando desordenadamente entre lecturas y prácticas, y últimamente, remansando impulsos y furores en la reflexión sobre lecciones aprendidas, más que todo, sobre los factores objetivos condicionantes.

Resumo mis inquietudes, las comparto:

¿Está el país, ese al que nos debemos, el de abajo, preparado para acompañarnos pese a la alienación mediática que lo inunda, prueba de eso es,  la alta popularidad de un gobierno que apaña la corrupción y aumenta la deuda externa hasta hacerla impagable?

¿Las bases perredeístas, que aun lloran cuando entonan el “que viva, que viva, el Partido Revolucionario”, están dispuestas a dar un salto que solo si visibilizan radical compensaría la añoranza que sentirán por el jacho?

¿Hay seguridad, por lo menos mínima, de que los sectores progresistas de la sociedad civil que tradicionalmente apuestan  por el PRD, compartirán el nuevo rumbo y el nuevo espacio de los perredeístas mayoritarios? ¿Se ha decidido ya, y consensuado previamente el cómo se decidirá si es Hipólito Mejía o Luis Abinader el candidato presidencial que el nuevo partido presentará a la Convergencia?

Soy parte, convencida y doliente, de la mayoría de los perredeístas que adversamos a Miguel Vargas. De ahí que apoyo el esfuerzo corajudo de Guido Gómez Mazara por llevar a la actual dirección del Partido a la legalidad, organizando una Convención que escoja nuevo presidente del Partido, ya que los otros cargos han sido repartidos en “proclamaciones” dignas del Trujillato.

Sé que es casi imposible que Miguel Vargas pueda desatar el nudo del “Pacto de Corbatas” que resume irónicamente la frase de Guido: “partido chiquito, negocio grande”.

Pero escucho a tanta de nuestra gente de a pie, vendedores ambulantes, guachimanes, señoras de clase media en el supermercado, limpiadores de vidrios, expresarme que votarían por Guido, que quisieran todavía esperar, contra toda desesperanza fundada, al 20 de julio. “Acepto el reto”, afirmó Guido ante la fecha adelantada, y yo acoto, ¿por qué no esperar a que pase ese día, a ver si puede parir el milagro de la Convención, o si decretaría el definitivo descrédito de Miguel Vargas, desnudado sin siquiera un taparrabos de democracia?

Aunque sea por táctica, para no parecer apresurados, interesados más en aspiraciones personales que en redimir al pueblo de la dictadura peledeísta, y librar a las masas del Partido de la dictadura interna, creo que conviene esperar hasta el 20 de julio.

Demos a Guido, y a los perredeístas que quieren recuperar el PRD desde adentro, esta oportunidad.

Yo voy a dársela.

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