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Opiniones

El verdadero cambio

El país requiere de una persona con la experiencia y con la capacidad probada para manejar crisis y turbulencias financieras

Publicado

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Por Pascual Ramírez.-

Todos aspiramos a que las cosas cambien y que cambien para mejor. Pero lo que no debemos perder de vista es que la desesperación por salir de los que están nos lleve a optar por un espejismo, por un cambio hueco y poco esperanzador.

En las actuales circunstancias el cambio no puede darse como un simple quítate tú para ponerme yo, como un cambio de color, un cambio de rostro, de nombre, un cambio de partido, un cambio de forma pero no de fondo, noooooo!. Ese no es el cambio que anhelamos y que necesitamos los dominicanos. Apostar por ese tipo de cambio seria jugar a la ruleta rusa.

El cambio para ser verdadero debe ser de esencia y no de apariencia. Para mejorar y no para dejar todo igual, o incluso, empeorar. Contra ese fraude conceptual, estamos previniendo al país para que evite sufrir una experiencia dolorosa como la vivida ya en el pasado. Después, seria tarde para el arrepentimiento

Cualquier cambio que se haga desde esta óptica no sirve a los intereses supremos de la nación y podría significar un salto al vacío o llevarnos a un laberinto, a un callejón sin salida. Sobre todo, cuando nos enfrentamos a una recesión económica como no la habíamos tenido ni conocido jamás. Circunstancia que nos obliga a aguzar más los ojos y la inteligencia para que no nos metan gato por liebre, y a ser más juiciosos, sensatos y acertados en la elección de quién conducirá la nación durante los próximos cuatro años.

Esto quiere decir, que el cambio que todos estamos pidiendo se haga desde la experiencia, desde lo racional, desde lo seguro y desde la certeza de saber que estamos eligiendo a alguien con la capacidad probada para dirigir con acierto, justicia y rectitud  los destinos nacionales.

El cambio por el cambio no tiene sentido.  Por eso, sería interesante que todos los dominicanos  nos preguntemos cambio de qué, y hacia dónde apunta el cambio que nos están vendiendo como cambio, si apunta a ser más de lo mismo.

También debemos que preguntarnos si ese supuesto cambio no será una nueva frustración y otro fiasco más, al carecer de contenido y estrategia de nación. Si estamos ante una falsedad mercadológica y ante una simple pose electoralista para engañar confundir incautos. Y según, vemos y anticipamos, el cambio que se disfraza como tal, solo se trata de siglas diferentes, pero en sí, son las mismas gente que hundieron al país en los insondables abismos de la inflación, de la inestabilidad, el desorden, el caos y la desesperanza.

El país requiere de una persona con la experiencia y con la capacidad probada para manejar crisis y turbulencias financieras, como la ocurrida en 2009, la cual pudimos capear sin grandes daños gracias a que tuvimos a un capitán experto que nos sacó del ojo del huracán y llevó la nave de la nación a puerto seguro, evitando el naufragio y el encallamiento.

Hoy, más que nunca antes, se requiere que el país sea dirigido por alguien con condiciones y habilidades superiores, dado que la crisis que ya se asoma al horizonte duplicaría en intensidad, golpeo y consecuencias a la que sufrimos en 2009. Por eso, no se puede improvisar ni hacer un juego de lotería con alguien sin experiencia de Estado.

Los tiempos que vivimos, con la crisis social que se avecina como consecuencia del Covid-19, así como los consabidos conflictos geopolíticos entre las grandes potencias y guerras comerciales que amenazan con una hambruna mundial, requieren de un líder nacional con trascendencia internacional, que comprenda lo que ocurre en el mundo, y que se mueva entre los líderes mundiales a fin de poder sortear con mejores resultados, los difíciles momentos a que non enfrentamos.

Ahora bien, Leonel Fernández si representa el verdadero cambio, porque ya no está atado al pasado, ya está libre de operar según sus más profundas convicciones y principios, ya tiene las manos sueltas para hacer el gobierno que siempre ha querido y tenía en mente, pero que se hacía imposible desde un partido que actuaba como retranca, producto de una dirigencia rancia en franco proceso degenerativo y de corrompimiento cupular.

Sin grupos corporativos que actúen como mafia y socios de negocios impuros, sin personajes tramposos que urdan componendas y fabriquen emboscadas traicioneras, sin nadie que le ponga trabas y atraviesen palos en las ruedas, Leonel camina libre y seguro hacia el objetivo de lograr el sueño de una patria liberada de miseria, corrupción y atraso.

Ahora tenemos a un Leonel Fernández recompuesto y renovado en términos de sus ideales, visión y vocación de servir a su pueblo. Y ese es el verdadero cambio.

 

 

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