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Opiniones

La rebelión de los sargentos…

(Por qué las bases del PLD deben votar por Leonel)

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Por José Francisco Peña Guaba.- 
La historia recoge innumerables hechos militares en los que las clases y tropas se enfrentaron a oficiales de alta graduación. Pero aquí no trataremos de uniformados sino de militantes contra dirigentes, a propósito de lo que está pasando en la tolda morada.
La imposición de las cúpulas dirigenciales a su militancia ha sido norma en el quehacer político nacional. Casi siempre los que son menos se le imponen a los que son más, usando mecanismos reprensibles como el chantaje, la compra de lealtades, la presión y el miedo de manera que la mayoría se pliegue a los dictados de la minoría, tal y como lo está haciendo la alta dirigencia del PLD con sus bases, con la única intención de impedir que voten por Leonel, quien junto a Danilo Medina mantienen el liderazgo absoluto de ese partido.
Las primarias del 6 de octubre del año pasado demostraron el verdadero apoyo que conserva Leonel en el partido de Bosch: luchó sólo contra toda la maquinaria oficialista y logró la hazaña de ganarle desde abajo. Solamente utilizando el fraude pudieron escamotearle el triunfo, cosa ya comprobada por los informes de la OEA y UNIORE sobre el sistema de votación automatizada implementado por la JCE, pruebas palpables de que las protestas de fraude y trampa en las primarias, como ya todo el país lo sabe, no fueron cosa de pataleo sino de la alteración dolosa de la voluntad de las bases del partido morado, que reconocieron y endosaron el liderazgo de quien los llevó por primera vez al poder, Leonel Fernández.
Sé que para muchos es algo imposible ganarle unas primarias al poder. Pues miren que no. Quien aquí escribe fue parte de la estructura de coordinación que venció a los que controlaban el poder y la mayoría casi absoluta del PRD en el 1981, cuando la tendencia del Dr. Salvador Jorge Blanco le ganó la convención a los dos grupos que precisamente ostentaban todo el poder gubernamental y partidario, las tendencias del Presidente y del vicepresidente de turno, don Antonio Guzmán y el Lic. Jacobo Majluta, que construyeron la llamada “unidad de acero” para vencer a Salvador. Pero las bases del partido del “jacho prendio” le ganaron al poder, al dinero y a la falsa mayoría de altos dirigentes de ese partido, todos, como ahora, enquistados en el poder.
La única diferencia entre lo ocurrido el 6 de octubre en las primarias y la situación del PRD precedentemente descrita, radica en que el líder principal de dicho partido, el Doctor José Francisco Peña Gómez, fue garante de que se cumpliera la voluntad de la base, papel que aquí debió jugar el Presidente Danilo Medina y no lo hizo.
Leonel tuvo que luchar contra toda la estructura gubernamental, que en su contra canalizó todos los recursos del poder, puestos todos a la disposición del improvisado delfín de la corriente oficialista. Con todo lo que hubo de hacer para evitar su victoria, con todo y fraude, ¡la diferencia apenas fue de 26 mil pírricos votos!
Con Leonel fue que el PLD llegó al poder y con él llegaron, también, la casi totalidad de la dirigencia alta, media y de base de ese partido; en los dos primeros gobiernos esas designaciones se hicieron bajo la coordinación del hoy Presidente Medina, lo que da a entender, con toda claridad, que las decisiones eran institucionales y no grupales. Leonel, además, fue quien concibió la política de alianzas que iniciamos en el año 2003, que nos permitió acordar con la mayoría de los partidos reconocidos ante la JCE para constituir el Bloque Progresista, estrategia de alianza electoral determinante para la obtención de 6 victorias consecutivas del PLD.  No hay un solo miembro de la alta dirección del partido morado de hoy que no fuera funcionario, casi todos de primer orden, en los gobiernos que encabezó el expresidente Fernández.
Los que no estuvieron y hoy están en el gobierno muchos de ellos no eran ni siquiera dirigentes políticos. Algunos eran colaboradores económicos del partido, más bien se dedicaron a sus actividades comerciales y varios de ellos fungieron como suplidores del Estado.
Leonel aprendió de Balaguer que no se le pone el corazón a las decisiones, compromisos y conveniencias políticas. Lo sabía también porque escuchó de viva voz las palabras del Dr. Peña Gómez, que se convirtieron en una palpable realidad: “Los adversarios de hoy son los aliados del mañana”. Atendiendo a esas sabías palabras estableció una política de puertas abiertas y consiguió el respaldo de quienes, en algún momento, fueron enconados adversarios suyos.
Lo que ahora les pide la cúpula suicida palaciega a sus bases es que se inmolen.  Porque mientras varios podrán disfrutar de parte de lo adquirido en el gobierno, no sin algún nivel de molestia por estar en la oposición, las humildes bases se arriesgan a perder lo único que tienen: un empleo o una tarjeta de alguno de los programas asistenciales, que ni siquiera cubren sus necesidades básicas.
A las elecciones se va a ganar o a perder, pero perderlas de antemano, llevándole desazón a cientos de miles de compañeros por contradicciones personales de un grupito de altos dirigentes contra Leonel; llevar a centenares de miles de militantes a perderlo todo, trabajo y esperanzas, es el peor acto de insensatez y un incalificable abuso contra quienes, precisamente, los han encumbrado hasta donde ahora se encuentran.
Las bases del PLD no son tontas y la mayoría de los dirigentes intermedios son cuadros formados en círculos de estudios. Ellos saben perfectamente lo que les conviene. Igualmente, saben quién puede ganar en la segunda vuelta electoral. Esta vez no acatarán los dictados de la cúpula palaciega y votarán en masa por Leonel.
A fin de cuentas, para las elecciones del 5 de julio y la entrada de un nuevo gobierno solo existe un mes de diferencia, por ende, lo único que tiene que arriesgar esa base es un solo cheque porque habrá transferencia de mando en agosto. Si gana Leonel o pasa a la segunda vuelta, bien. Pero si pierde el PLD-gobierno, que es lo que los oficialistas obtendrán con su nefasta actitud, entonces estos humildes compañeros serán barridos por su culpa de la nómina pública.
No hay nada que se parezca más ahora mismo a los horacistas del 1928 A 1930 que los danilistas. Aquellos acuñaron la famosa frase “Horacio o que entre el mar” y tuvieron razón, ese mar llegó, se llamó Rafael Leónidas Trujillo.
Ya no vale ni la pena mencionar los enormes peligros que tiene el atentar contra su propia militancia al preferir que gane un contrario antes que un compañero, todo por celos infundados. Huelga mencionar todas las acechanzas que se ven en el panorama del PLD, por tratar de bloquear un compañero cuyo único pecado fue llevarlos a todos al poder, convertirlos en ministros, directores, embajadores, etcétera, durante 3 gestiones de gobierno… y todo por un actitud incomprensiva e irracional del anillo gobernante de turno.
Créanme, son muchos los sectores solapados enemigos que tiene el PLD. Pero a quien se quiera suicidar solo hay que comprarle la mortaja. Tengan la seguridad de que si las fuerzas del leonelismo son vencidas en su esfuerzo por clasificar en la primera vuelta electoral, por el uso y el abuso del poder, entonces den por sentado que la militancia de la Fuerza del Pueblo y sus aliados no votarán por el delfín oficialista Gonzalo Castillo en la segunda vuelta.
Como iniciamos hablando del papel de las clases y tropas en las estructuras militares, así finalizamos: son incontables los casos en la historia en que esas clases y tropas se han visto obligadas a romper la cadena de mando y a desacatar directrices de los superiores, porque son perversas o simplemente porque las mismas son imposibles de cumplir. Y ello nos remite a las palabras del extinto General Panameño Omar Torrijos, quién con lucidez extrema dijo: “Cuando los jefes pierden la razón, los subalternos pierden el respeto.”
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