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Opiniones

Dominicanos en el exterior: El cambio que no ha llegado

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Por Pascual Ramírez.-

Ya pasaron las elecciones, y con ellas también pasaron la atención y la importancia temporales que se les concede a nuestros exiliados económicos, los cuales están aquí porque no pueden estar allá, en su propio país, como sería lo normal si otra fueran las condiciones y el ambiente socioeconómico prevalecientes.

Al pasar el torneo electoral, el centro y el foco de las prioridades gubernamentales se desplazaron a otras cosas y problemas, donde no figuran los olvidados de siempre, los esforzados hombres y mujeres trabajadores que hacen de su radicación en el extranjero una plataforma de apoyo y solidaridad hacia su país y sus seres queridos.

Es la misma historia y el mismo resultado que se repiten años tras años, cuatrienios tras cuatrienios, gobiernos tras gobiernos, sin que se avizore un verdadero cambio en la importatización que merecen los dominicanos que viven fuera de la tierra patria.

Los criollos que residen allende los mares, solo son buenos para aportar recursos, votos, divisas, trabajos, pero no lo son para ser tomados en cuenta como parte de una política de Estado que se afinque en sus necesidades, problemas, sueños y proyectos. Amén de que nunca los toman en cuenta para posición de relevancia.

A la diáspora dominicana tradicionalmente se le ha tratado como ciudadanos de segunda, sin que se advierta una clara voluntad política de que eso cambie, ni a corto ni a mediano plazo. Y así será mientras no cambie el criterio utilitarista de nuestros políticos, que usan a los dominicanos solo para sus propios fines particulares y cuando les convienen.

De manera que los políticos dominicanos, generalmente, tratan a la diáspora como ciudadano de categoría inferior. Eso es visible, muchas veces, en el trato que se le dispensa a un dominicano cuando llega a uno de nuestros aeropuertos, donde recibe un trato vejatorio. Mientras a un extranjero le reciben con mayor pleitesía.

La diáspora solo existe en la mente del político nativo como un mero número, como una cuenta de cálculos políticos y económicos utilizables a conveniencia, como estadísticas que solo se visibilizan a través las remesas. Pero ya está bueno de que se les mire de soslayo y se les tire como un papel estrujado o un vaso desechable tras ser usados.

El cambio para ser un cambio de verdad debe reflejarse en hechos fehacientes. Y los dominicanos del exterior estamos todavía esperando ese cambio. Lo estamos esperando en el trato, en las políticas públicas hacia nosotros que no presentan indicios de articularse en nuestro favor.

En este sentido, esperamos del presidente Abinader políticas más concretas y definidas que recojan el sentir y las aspiraciones de nuestra comunidad emigrante, acciones que trasciendan las palabras. Esto lo decimos porque el nuevo mandatario solo se refirió a ella superficialmente en su discurso de toma de posesión y hasta donde se conoce no hay un solo perremeísta del exterior que haya sido nombrado en una posición de relevancia, ni en la República Dominicana, ni fuera de sus fronteras, lo que demuestre que para el presidente y su gabinete los dominicanos del exterior no figuran en las prioridades del nuevo gobierno. Esta situación se da a pesar de que el PRM se alzó con más del 70% de los votos valido emitido en el exterior y todas las diputaciones. El PRM en el exterior tiene dirigentes de muchas valías y prestancia dentro de la comunidad que bien podrían representar nuestra diáspora. Hasta donde tengo entendido muchos perremeistas del exterior ni siquiera lo reciben las nuevas autoridades.

Esperamos que las palabras del presidente se conviertan en hechos, y no solo palabras. Si bien recuerdo, solo a Peña Gómez y Leonel Fernández les cabe el mérito de haber valorado la diáspora dominicana adecuadamente, colocándola en el centro de sus afanes y en orden de importancia que merece, por el peso que tiene en nuestras emociones, en nuestras almas y en nuestra economía.

Ambos líderes apreciaron que los dominicanos de “fuera” están más adentro que muchos que viven físicamente en la República Dominicana, y no solo por las remesas, sino por la conexión que mantienen con su país en todos los sentidos. Los dominicanos a diferencia de otros extrajeros, siempre están alerta y pendiente de todo lo que nos pasa y siguen con fiel interés los problemas nacionales, participando desde allá en las soluciones posibles.

Tanto es así, que ni siquiera la pandemia ha sido un obstáculo para que los dominicanos del exterior muestren su solidaridad con el país. De modo que pasando balance y comparando lo que dan con lo que reciben, la cuenta queda en déficit. Un déficit que no cesa de acumularse.

Por todo lo anterior, ya es hora de reciprocar a los quisqueyanos radicados en el exterior sus grandes contribuciones al bienestar general de la nación, expresadas en aportes que sobrepasan los 8 mil millones de dólares. Con nuestros residentes en el exterior tenemos una deuda de gratitud que hay que comenzar a pagar. ¡Pero ya!

-El autor es abogado y político. Reside en Nueva York.

 

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