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Opiniones

El Líder en tiempos de crisis

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Por Pascual Ramírez.-

Cuando un torero experimentado sale al ruedo, sabe cómo lidiar con las furiosas embestidas del animal, para evitar una cornada fatal. Si el matador muestra falta de valentía, habilidades y destrezas, hará que se evapore rápido el entusiasmo inicial y en vez de loas y admiración, recibirá la rechifla de la plaza.

De igual, manera nuestro país necesita un líder ducho y diestro en el manejo de situaciones difíciles, como las que se presentan en estos tiempos donde se combinan pandemia, crisis, recesión, carácter en los actores públicos, y cierre a gran escala de fuentes productivas.

Esta crisis de desempleo, con balanza de pagos desmejorada, turismo y flujos de inversión extranjera disminuidos y remesas que pronto ya no serán las mismas, amerita un líder que sepa tomar por los cuernos el toro de las adversidades, para controlar los daños que pueda causar.

El actual contexto difícil por la que atraviesa la nación, solo un capitán avezado y un líder fuerte, puede evitar que la nave del país naufrague y encalle en los filamentosos acantilados de una crisis de convulsiones sociales que puede sacudir los cimientos de la paz y estabilidad dominicana.

El gobierno del cambio está lleno de buenas intenciones, pero luce débil y pobre, en términos de conocimientos y experiencia. A cualquiera se le puede aceptar novatadas en el desempeño de una función pública, pero no a un presidente de una nación, pues se estima que su ascenso al poder es producto de la incapacidad del anterior, y que él se comprometió resolver una vez acceda al poder.

En tiempos tumultuosos, de grandes adversidades, son las ocasiones en que un líder se crece y demuestra todo su potencial y capacidad para sacar su país hacia adelante.  Así lo hizo Churchill durante los aciagos días de la Segunda Guerra Mundial. También es digno de citar a Abraham Lincoln, quien se convirtió en el presidente más grande en medio del juicio. Usó la adversidad para crear una federación, que duró 300 años y aún se mantiene.

Pero todo apunta desde ya a que estamos padeciendo de la carencia de un liderazgo unificador y de un déficit de administración nacional. Las medidas improvisadas que al rato son derogadas, demuestran eso.

Demuestran que no hay un norte fijo o una hoja de ruta en las acciones de un gobierno que luce desorientado, sobrepasado y sobrecargado por las circunstancias. Vemos que el actual gobierno luce con buenas intenciones, pero hasta el camino del infierno está empedrado de ellas.

Este es el momento para que el presidente de la República aproveche la buena brisa que sopla a su favor para enrumbar su gestión hacia la edificación de un gran consenso nacional, basado en propuestas enmarcadas dentro de un gran pacto social y político que encare los desafíos de la Republica con carácter y determinación. Un líder se prueba en la adversidad. Cualquiera maneja un avión en piloto automático.

Es momento de grandes decisiones y de hablar solo para dar informaciones útiles e importantes y que tengan impacto en la vida del ciudadano. Hablar como para decir que va a donar su salario a una causa justa, no resuelve problemas, ni es algo tan trascendente como para decirlo en una alocución al país. Con intenciones y desprendimientos aislados, no se resolverán los problemas estructurales de la nación dominicana, y mucho menos la crisis por la que atravesamos.

Decisiones como esa deberían ir acompañadas de un recorte al salario de todos los funcionarios del tren público, incluyendo los legisladores. Todo para hacer más austero y eficiente el gasto público. El presidente debe convocar al liderazgo nacional y hablarle al país con un plan integral para enfrentar la crisis en donde todo nos sacrifiquemos, aunque sea de manera temporal.

El cierre de muchos negocios y la consecuente pérdida de empleos en Estados Unidos y Europa parece que va a continuar durante cierto tiempo, con las subsecuentes repercusiones en nuestro país, lo cual impone que seamos más certeros en las prioridades elegidas, y en el norte a seguir.

Solo así estaremos con mayor capacidad para enfrentar con éxito los desafíos de las crisis generados por la pandemia y todo el desastre heredado del gobierno pasado y que, hoy crea una mayor dificultad al presente gobierno. También alertamos contra el politizar la crisis, para sacar provecho particular de la situación.

Lo que se impone es tratar de salir de la crisis y avanzar con firmeza hacia un proceso de recuperación y reconstrucción del aparato productivo de la nación. Y para ello es vital que el gobierno del cambio logre integrar a todos los sectores de la vida nacional, haciendo al gobierno más incluyente y mejor conectado con la sociedad y con las necesidades nacionales. Utilizar la crisis como excusa para justificar incapacidades, no es una opción. Los humanos rara vez han creado algo de valor duradero a menos que hayan sido probados o lastimados.

De esta manera, podremos preservar la gobernabilidad, la estabilidad socioeconómica y política del país. Y como dijo recientemente el presidente Fernández, posibles estallidos sociales.

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