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Opiniones

Meditabundo: Los inolvidables hermanos Antún

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Por Néstor Julio González Díaz.-

Nuestra ética cimentada en la razón nos hace exigencias y soy un feliz obediente al “Quédate en casa” es una beneficiosa directiva y la inquietud de la mente siempre está en algo. Hoy 20 de octubre 2020, estoy en la década de los años cuarenta en mi Macorís del Higuamo, cangrejos y cañaverales, recuerdo a las familias que llamábamos árabes-turcos-libanés, todos dedicados al negocio de venta de tela.

La familia Bulus que eran nuestros vecinos. La familia Julián Haché tenía un colmado de mercancías. Su hijo era ciego y tocaba el piano, daba gusto oírlo tocar cualquier composición. Era un virtuoso. La familia Saleme y el señor Saleme era coronel de los bomberos por amor al pueblo. Era costumbre de varios hombres de ser bomberos honorarios.

Eran varias familias los Mansur, Feris, Antún, Saba, Musa, Haché, Risi, Acta, Fadul, Abraham, Malkun, Lama, Kasse, Basa, De León, Barsona, Hazim, Barnichta, Julián, Kourie, Curet, Jacobo, Caram, tenían un elegante centro, club, con una cancha de tenis.

La familia Antún eran puros macorisanos. El mayor Don Chichi un protector de los boxeadores y peloteros. Don Chichi tenía un carro grande y viajaba a distintos pueblos con la tela y regresaba los sábado en la tarde. Se detenía frente al parque, abría el baúl del carro y decíamos los muchachos llegó Don Chichi y nos daba mangos y lechozas.

Ahora me río de mí mismo. Yo cogí una lechoza grande que llamaban Cartagena. Don Chichi: mira tigre dame esa lechoza que es para Rosita, riéndose me haló la oreja con cariño y me dio una lechoza.

Don Chichi y su hermano Rafael eran muy parecidos en su forma de actuar. Eran sumamente afectuosos, principalmente, con el grupo de muchachos que lo esperábamos los sábado con las frutas. Don Chichi y Rafael siempre usaban guayabera, nunca los vimos con saco y corbata. Los muchachos los apodamos los “Pana” lo veíamos como los hermanos mayores. Don Rafael me regaló una fotografía del primer equipo de pelota de Macorís, papá jugaba en la segunda base.

En la tienda estaba su hermano Don Federico; siempre elegante con traje de tela de Inglaterra llamada Casimir y su eterna corbata. Nunca vimos a Don Federico en camisa. Su hermana Rosita, bella joven, también estaba en el negocio.

Don Federico era caritativo. Los sábado los mendigos iban al negocio y Don Federico le extendía la mano y sonriente los mendigos metían su mano en los bolsillos. Ahora vuelvo a reírme de mí mismo. Una tarde acompañado de mi primo Lilín Pou íbamos a la fotografía del maestro Anglada a sacar la foto para la cédula. Al pasar frente a la puerta del negocio de los Antún, Don Federico nos dice a donde van tan planchado y ese saco en la mano. Le dije Don Federico vamos a la fotografía Anglada para una foto para la cédula. Don Federico sonríe y dice: Caine y viene un empleado y le dice, tráeme una corbata de la nueva que tiene la mariposa. Don Federico me dice póntela así estará buenmozo. Yo agarro la corbata, pero no se ponérmela, Don Federico dice tan buen bateador y no sabe ponérsela. Le dije señor nunca me he puesto una corbata tan grande, él sonriente coge la corbata, levanta el cuello atrás de la camisa, me pone la corbata y mi primo sonríe cuando hace el nudo y me dice ponte el saco, fíjate que bien te ves y tu hace lo mismo. Don Federico nos dice quiero ver la foto. Cuando le mostramos la fotografía Don Federico le dice a su hermana Rosita fíjate que bien lucen con la corbata. Yo me quito la corbata y extiendo la mano para entregársela a Don Federico y él me dice es tuya. Sonriente le dimos las gracias. Al llegar a casa le expliqué a papá lo de Don Federico y la corbata. Papá dijo esos hermanos Antún son muy buenos y todo el pueblo los quiere mucho. Papá usaba la corbata muy contento y agradecido.

Cada vez que veo al doctor Rafael Antún veo a su padre, a Don Rafael y a Don Chichi, es la misma sonrisa y amabilidad. Cuando el ser humano ama y piensa en los demás, se queda en la vida de los que tuvieron la bendición de Dios de ser tratados por esa persona.

Los dejo con los deseos de que se conserven bueno unidos a las cinco actitudes de Dios. Una alegría, amor, aceptación, bendición y agradecimiento totales.

-El autor es vicealmirante retirado de la Armada Dominicana.

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