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Opiniones

El Inacif, el cese de las autopsias y la dignidad de los muertos

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 Por Petra Saviñón.-

A las 11: 30 de la mañana, Jorge salió cabizbajo y por segundo día del cementerio Cristo Redentor. Ayer tampoco le entregaron el cuerpo de su hijo, porque el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) no le ha practicado la autopsia. Lo impiden trabajos en la infraestructura.

Pobre, con escasa formación académica, no sabe  dirigirse a los servidores públicos que olvidan su misión y asumen que le hacen un favor y además de esa tragedia, de la muerte a destiempo, como la de todos los vástagos, sufre la humillación de gente con pocas ganas de informar.

Teme que el cuerpecito del pequeño que murió de forma accidental mientras jugaba, no pueda ser velado con dignidad porque la descomposición lo arropa a cuatro días de fallecido y ni de forma remota pensar que en ese lugar recibirá tanatopraxia, para frenar su deterioro.

Solo los que hayan muerto por quemaduras reciben la necropsia, porque no requieren el agua que podría dañar los trabajos en el local y de los que nadie explica cuándo concluirán.

Gente desesperada, hastiada cuestiona por qué si el sitio no está apto para practicar el procedimiento continúan el ingreso de cadáveres, que con su olor ya empiezan a delatar la ineficacia de las autoridades.

Los muertos, nunca hay que olvidarlo, tienen dignidad y merecen respeto, consideración y sus parientes lo mismo ¿Hasta en momentos como este de semejante pérdida debe un ser humano soportar la vejación de no recibir explicaciones, de que su dolor no importe?

Poco a poco la fetidez sube y rodea el entorno, para mal de los que acuden al camposanto, de los que viven en las cercanías y de las familias cuyo sufrimiento aumenta ante esta situación denigrante y el malestar de recibir en ese estado los restos de  uno de sus miembros.

Condolerse de la tragedia ajena es ser humano. Qué verdad tan grande encierra esa icónica frase de mi madre dolor ajeno no quita sueño. Pero sí debería quitarlo.

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