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Opiniones

En el PLD se apagó la tenue luz de José La Luz

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Por Wilson A Diaz Cuevas
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A todo miembro de un partido político le asisten derechos, entre ellos a disentir, que la Constitución en una democracia les garantiza, pero también tiene deberes con los cuales cumplir, con los que se compromete al ingresar a la organización a la cual por voluntad propia decidió militar o a hacer vida política.

Esos deberes son más exigentes en el cumplimiento mientras más alta es la posición dirigencial.

¿Qué derechos pueden proteger a un ciudadano que se ausenta de una organización política sin cumplir con sus deberes por más de dos años?

¿Qué derechos pueden proteger a un ciudadano que se dedique a insultar de manera personal a la máxima autoridad y llame de manera despectiva públicamente a la propia organización en la que milita?

¿Con sentido común, que puede llevar a un ciudadano querer ser parte de una institución que no sirve para nada y cuyos dirigentes tampoco merecen su consideración y respeto como los exige que los tengan con él?

Asumir posición crítica en un partido político es muy distinta a la posición del enemigo o adversario político.

La decisión que acaba de anunciar el Tribunal Disciplinario del PLD en relación a la desvinculación del señor José La Luz era demandada por la generalidad de los militantes que día tras día escuchaban la campaña de descrédito que ese señor tenía montada contra la organización (para él un colmado) y muchos de los altos dirigentes, incluyendo a su presidente y líder.

Ahora, ese señor está en el derecho de construir un partido político con sus seguidores y defensores, pactar su ingreso a uno de los existentes o de asumir la posición que él entienda se acomoda a sus posiciones o intereses políticos y personales. 

Claro, esa decisión en nada ha agradado a los adversarios y enemigos jurados del PLD: su protegido ya no hablará como peledeísta.

Los peledeístas, los que son realmente militantes del viejo o nuevo PLD, saben como se templa un dirigente político en un partido como el PLD y la radio, comentar, darse a conocer a través de los medios, no forma parte de los paradigmas y recursos de formación primarios que lleven a fefinir a un dirigente en el PLD.

Ya a partir del martes, a pesar del uso a su antojo de un medio importante de comunicación, sus acosos contra el PLD, iniciarán una precipitada pérdida de efecto como de impacto. Nadie, absolutamente nadie, y la historia lo ha demostrado, es más importante que esta organización política.

Así, en el PLD se actuó de manera correcta, ya que la tenue luz de La Luz hacía más daño que bien a la organización.

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