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Opiniones

Las elecciones del 24, candidatos y demagogia

Publicado

en

POR CARLOS NINA GOMEZ
()[email protected])

  • Para las elecciones del próximo año, ¿cuál de los candidatos tiene la mejor oferta electoral?
  • La respuesta a la pregunta, si sale de labios  de uno de los más «potables» aspirantes a la Presidencia de la República, no resulta difícil.
  • «Tenemos la propuesta más viable, la que necesita el pueblo para poder resolver sus más acuciantes problemas”. Esa sería la respuesta de uno de los candidatos con la que buscaría convencer a las mayorías votantes.
  • Es el estilo que con regularidad electoral practican los dirigentes políticos que, con estrategias bien ensayadas, buscan agenciarse simpatías previas a una consulta electoral.

A propósito de lo que dice el título de mi artículo, les recuerdo una frase, que podemos calificar como ajustada a la realidad política nacional.

Es un pensamiento que nos dejó Abraham Lincol, uno de los presidentes mejor valorados de Estados Unidos. Esto dijo el presidente civilista Abraham Lincol: «La demagogia es la capacidad de vestir ideas menores con palabras mayores».

En el complejo proceso electoral dominicano, quienes tienen como meta concienciar (¿?)  al pueblo, es decir, hacerle saber que sus propuestas políticas son las más claras y certeras, deben hacerlo con el mejor cuidado estratégico. Y evitar que sus alharacas no sean señaladas como proclamas marcadas por la tradicional demagogia.

Para la contienda comicial del 24, irán en busca de ganar la Presidencia de la República tres reales candidatos: Luis Abinader, quien se afana por ver concretado su proyecto reeleccionista; Leonel Fernández y Abel Martínez Durán. 

Hay otras decenas de aspirantes a la jefatura del Estado por partidos pequeños, pero que (obviamente) no tienen ninguna posibilidad de salir airosos.

Abinader, Fernández y Martínez Durán, al momento de emitir sus declaraciones electoreras, deben hacerlo con el mejor «cuidado posible».

 No ofrecer a los votantes lo que en la práctica no podrán cumplir, como justamente ha ocurrido en pasadas campañas.

Aclaro que este artículo no tiene la intención de zaherir a ninguno de los aspirantes a la Presidencia y mucho menos irrespetarlos como entes de la política vernácula.

 Mi trabajo de hoy es especie de una advertencia cívica respecto a cuál debe ser la función, durante su campaña electoral, con miras a que sus propuestas lleguen a los oídos de las masas.

 Los candidatos, si quieren que sus ideas sean aceptadas por el pueblo, están en la obligación de llevarlas sin acudir al lenguaje demagógico. Sus plataformas políticas deben llegar limpias y creíbles a los segmentos de votación.

¡Porque ya la demagogia no tiene los efectos (positivos) de otros tiempos proselitistas!

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